El escenario internacional se complica bastante con los anuncios del presidente Trump en el denominado “Día de la Liberación”, que se tradujo en la notificación al resto de las naciones del mundo sobre la subida general de aranceles. Se preveía un alza bastante más acotada que la expuesta y concentrada en algunos países en particular donde, según el mandatario norteamericano, la reciprocidad no era uniforme. Pero, contrario a ello, esta medida involucró a todos los países, tanto aquellos que tenían buenas relaciones comerciales y de reciprocidad arancelaria como otros calificados como “abusivos”; obviamente, a estos últimos —con relaciones supuestamente menos ecuánimes— se les subió considerablemente más que a aquellos que sí la mantenían, como es el caso chileno.
Cuando uno observa esto más allá de lo económico, hay implicancias que complican el escenario geopolítico. No solo afecta los aspectos comerciales de los países y los sectores industriales involucrados, sus exportaciones e importaciones, sino que también complica la convivencia política, porque es un país que decide unilateralmente modificar determinadas normas económicas que se han planteado, resguardado y respetado por varios años. Aún más, muchos de estos aranceles se han consagrado a través de acuerdos comerciales, como es el caso de México y Canadá con el NAFTA, y también con nuestro país. Recordemos que Chile firmó un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos en el año 2003. Estas definiciones unilaterales por parte de Trump afectan geopolíticamente a todo el globo y van más allá de una guerra comercial. Todo conflicto económico lleva consigo una pugna que profundiza las diferencias políticas, generando una animadversión entre las naciones, que puede ir profundizándose con la implementación de estos aranceles y la evidente reacción de los países afectados.
Esta guerra comercial podría llevar consigo un nuevo encuadre territorial, es decir, modificar las alianzas tradicionales de Estados Unidos, ya sea a través de acuerdos de libre comercio o por afinidad estratégica y/o política. Hoy en día, por ejemplo, México, Canadá, la Unión Europea, entre otros, van a tener que reconsiderar el ordenamiento mundial y quizá apuntar a otros socios comerciales, como pueden ser Asia o nuestra Latinoamérica, modificando de esta forma el mapa geopolítico que nos rige desde la posguerra fría. En el contexto actual, los países no acostumbran a aceptar condiciones unilaterales como las vistas por parte de Estados Unidos.
En este nuevo escenario, surgen oportunidades para que otros países empiecen a adquirir una mayor relevancia en el ámbito geopolítico y económico, más allá de las afinidades históricas que se tengan. Varias naciones, por ejemplo, no tienen afinidad política con China o la India, pero ante la necesidad, van a mirarlos como potenciales socios, no solo comercialmente sino también estratégicamente. En esta línea, la actual visita del presidente Boric a la India, el país más poblado del mundo es más que oportuna y necesaria.
Felipe Vergara Maldonado
Analista Político
Universidad Andrés Bello